Al filo del imperio y más allá

La historia hasta ahora ... (2)

La llegada a Ryloth

Al subir a la nave, y entre la emoción por los recientes triunfos, el despegue, y todo lo que ello suponía, nuestros aventureros se encuentran con los siguientes “detalles”:

Sólo subieron dos pasajeros a la nave, Phröz y AcPU. Los demás, por alguna extraña razón, no consiguieron alcanzar “El Colmillo”.

  • Un olor nauseabundo se había apoderado de toda la nave. Tan insoportable que casi al entrar, lo primero que decidieron fue encontrarlo para neutralizarlo. Hasta la tarea más simple se volvía incómoda de realizar.
  • Había varios sonidos mezclados en el sistema de la nave, y rebotaba en todos los espacios de ésta.
  • Además, varias señales se encontraban activadas en el panel de mando, todas parpadeando sin parar, y en un lenguaje extraño para nuestros amigos.

Después de un exhaustivo análisis y una búsqueda profunda, en toda la nave, descubrieron:

El olor provenía de un curtido de pieles que Trex había improvisado en una de las bodegas. Decidieron tirarlas por el sistema de expulsión de la nave, tanto las pieles como los productos que se estaban utilizando para tratarlas.

Los sonidos provenían, a su vez, de varios elementos en marcha en la nave en aquellos momentos.

  • Una ópera gamorreana retumbaba en el sistema de audio de la nave a todo volumen. Al entrar en el ordenador de abordo, previa localización del idioma estándar, en vez de trandoshano, pararon el hilo musical, con lo que anularon aquellos desgradables sonidos guturales que algunos llaman ópera.
  • La nave estaba programada, junto a un traspondedor instalado en la zona superior del casco de la nave, para enviar una señal periódica al centro de comunicaciones del palacio de Teemo. No pudieron desconectarlo del todo, pues el objeto debía ser manipulado físicamente, pero pudieron configurarlo para que enviara una señal cada 24h, tiempo máximo en su configuración, con la esperanza de poder desactivarlo o desmontarlo en su próxima parada.
  • Una señal de aviso alertaba de atención a un prisionero en la bodega 6.
    El combustible estaba a punto de agotarse, por lo que les dejaba pocas alternativas para dirigir la nave hacia un lugar lejano. Los más próximos según el mapa estelar, Geonosis (difícil por el carácter de los geonosianos) o Ryloth.

Cuando el grupo se dirigió a la bodega 6, descubrieron dos cosas. En un rincón, oscuro, harapiento, acurrucado y tiritando, se encontraba un T´wilek ya anciano, con uno de sus lekus herido, cortado. El izquierdo. Al otro lado, unos extraños cascarones tirados en el suelo. De enorme tamaño, Phröz reconoce que pertenecieron a un geonosiano ya muerto. En ellos, unas extrañas runas estaban grabadas, como runa familiar.

El T´wilek les propuso aterrizar en el sistema Ryloth, el más cercano en su localización actual. Si le ayudaban, Bura Ban les ofreció reparación y cobijo para unas cuantas estaciones. Al final, y con todo en su contra de nuevo, el grupo decidió aterrizar en Ryloth.

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